Firmar no es el problema: el problema es no saber qué falta firmar, quién lo tiene y cuál es la versión válida.
El problema que resolvemos es el proceso de firma disperso entre correo, papel y carpetas compartidas. Sin un flujo único, la operación avanza a ciegas mientras administración persigue firmas.
Cómo lo hacemos: el documento entra como orden con etapas de revisión y firma; workflows fijan responsables y plazos; personas confirma en app o panel; el estado queda en el mismo tablero que el resto de la operación.
El beneficio: menos chase manual, menos riesgo de operar con documentos vencidos y un archivo vivo ligado a la ejecución, no a una carpeta olvidada.