Un SLA que se mide solo al cierre no se gestiona: se padece. La distribución necesita ver el riesgo mientras aún hay margen para actuar.
El problema que resolvemos es la reacción tardía al incumplimiento. Sin etapas en vivo, el supervisor descubre el atraso cuando el cliente ya llamó.
Cómo lo hacemos: cada orden tiene etapas visibles; las alertas marcan riesgo de SLA; personas reciben la nueva asignación en la app con contexto.
El beneficio: menos incumplimientos, reasignaciones en minutos y un servicio al cliente respaldado por el estado real de la ruta.